Mensaje de Jesús al Ob.Ottavio Michelini el Domingo 23 de Septiembre de 1975, Vigente al 2016
Ob.Ottavio Michelini
Todo comandante de estado mayor, periódicamente reúne en torno a su mesa
de trabajo a sus ayudantes.
Con ellos, mira, revisa y estudia los planes elaborados para la defensa
y según la necesidad, también para el ataque contra los que se consideran
enemigos. Estos planes son actualizados y reelaborados continuamente según el
variar de las situaciones de los pueblos.
Elaborar planes de
defensa y ataque contra los enemigos
Ahora bien, hijo, y con mayor cuidado deberían hacer otro tanto aquellos
que, en Mi Iglesia y en mis iglesias, tienen el deber preciso e irrenunciable
de preparar el malparado ejército de mis soldados (todos los confirmados son
mis soldados) a la defensa de los ataques de sus enemigos espirituales: el demonio, el mundo, y las pasiones.
¡Y prepararlos no sólo para la
defensa sino también para el ataque!
La batalla que mis
soldados deben combatir es la más importante, la más necesaria, la más urgente
de todas las guerras que se combaten en el mundo. La más necesaria porque
del éxito de esta batalla depende la vida o la muerte eterna.
La más urgente porque las fuerzas bien organizadas y bien dirigidas del
Mal quieren el predominio sobre las fuerzas del Bien y el prevalecer de éste
sería determinante para el futuro de la Iglesia y del mundo.
La más importante, si no quieren sucumbir en el tiempo y en la
eternidad.
Hijo, en un precedente coloquio, te he hablado con
claridad de la gigantesca lucha que desde la creación del hombre, está en acto
en el mundo. (Gn.3,15 a Apoc.12 y caps. sigs.)
Los cristianos, influenciados y sugestionados,
parece hayan perdido el sentido de su existencia, abatidos por la crisis de
fe, originada por la antisocial oleada materialista. Mal guiados, no bien
adiestrados, son espantosamente arrastrados por las fuerzas adversas del mal.
Urge poner la segur[3] a
la raíz y tener el valor de mirar a la cara la realidad si no se quiere ser
sumergidos.
Remedios espirituales
— Señor, a mí me parece que hay tantas iniciativas y actividades en
acción en tu Iglesia, precisamente para contener el mal.
Hijo mío, no faltan actividades e iniciativas, estudios y encuentros;
hasta demasiados hay de eso. Pero te he dicho que urge poner la
segur a la raíz, lo que quiere decir tener el valor de buscar las causas
verdaderas de esta derrota del mundo cristiano de hoy.
El Concilio ha indicado estas causas, pero poquísimos las han tomado en
serio. La mayoría con diabólica insensatez, han tomado el apunte para generar
confusión y anarquía en Mi Cuerpo Místico, entre mis soldados, entre mis
fieles.
Los remedios para eliminar las causas de tantos males espirituales no
pueden ser sino espirituales.
Es obvio, los remedios os los he indicado con los luminosos ejemplos de
mi vida, pasión y muerte.
El primer remedio, fundamental y seguro es una auténtica conversión.
Ninguno debe maravillarse, ni los fieles ni mucho menos los sacerdotes.
Comiencen mis sacerdotes a examinarse sobre su vida interior ¡cuánto
encontrarán que deben rehacer!
Rehacerse a sí mismos para rehacer a los demás,
santificarse a sí mismos para santificar a los demás; menos lecturas inútiles y
nocivas, menos televisión, menos espectáculos; más meditación y oración, más
devoción a mi Madre y Madre vuestra también, más vida eucarística.
Hijo, por muchos de mis sacerdotes soy tratado como un objeto, ni más ni
menos que un objeto cualquiera. Sin embargo Yo, Jesús Verbo Eterno de Dios,
Dios como el Padre mío, estoy realmente presente en el Misterio del Amor, en el
Misterio de la Fe.
Saneamiento interior
Si mis sacerdotes tienen el valor de poner la mano en el arado para dar
inicio a este saneamiento interior, Yo estaré con ellos, Yo los ayudaré, los
asistiré, los consolaré a fin de que no fallen en sus santos propósitos y
grande será también la ayuda, la asistencia de mi Madre.
Desde aquí hijo mío, — dilo a tus hermanos
sacerdotes — desde aquí se necesita iniciar la gran reforma para purificar y
sobrenaturalizar mi Iglesia en buena parte paganizada.
Para esto deberían mis sacerdotes encontrarse, para elaborar en
hermandad de intentos, los planes de defensa personal y social de mi Iglesia.
No teman: Yo estaré en medio de ellos. Entonces sí que les haré conocer
mis caminos y mis pensamientos. En estos mis caminos los guiaré.
Dilo hijo mío, sin miedo, sin temor; arroja tu pequeña semilla y reza
para que no caiga en terreno árido sino en terreno fértil y fecundo.
Te bendigo. Ámame mucho.
